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domingo, 6 de junio de 2010

Espectáculo


No llegué a comprender realmente la trascendencia de Rock in Rio hasta que no vi los espectáculos de anoche. Tras comenzar con Macaco, Pereza y los eternos Bon Jovi, pensé que eso sería la tónica. Conciertos espectaculares en vena. Me sorprendió que además de todo eso fuera una fiesta capaz de integrar a dos ideas de la música tan diferentes como Rihanna y Calle 13 y el resultado fuera sobresaliente.

El concierto de los boricuas fue un auténtico despliegue físico por parte de Visitante y Residente, dos referencias en la música centroamericana que beben de la mejor fuente posible, Orishas. No sé si este grupo habrá tocado ante tanta gente, pero ver la cantidad de personas que les hacían los coros a cada una de sus canciones era realmente sorprendente, sobre todo porque muchos no conocían sus canciones, simplemente venían por ver a Rihanna y/o Shakira, pero ahí estaban, en pleno canto a la integración de culturas a través de la música.

Y luego llegó Rihanna, la reina del R&B con sus letras plagadas de desesperanza y depresión, salidas del corazón de alguien muy joven que se enfrentó a la fama casi sin ningún tipo de protección. A pesar de sus letras oscuras, a la bahameña se le veía feliz, su sonrisa le delataba cuando notaba a las 85.000 personas seguir cada letra de sus canciones, y sus ojos se mostraban agradecidos cuando la inmensa capa de rímel en sus pestañas les dejaban lucirse.

Intenté quedarme para ver a Shakira, el gran espectáculo previsto de la noche, pero apenas pude mantenerme, así que me queda esperar a que pase el Día de la Familia (me atrae más bien poco el cartel de hoy) y que llegue ese concierto de Metallica que está predestinado a marcar un antes y un después en la historia de Rock in Rio, un festival con 25 años de existencia, y de Arganda del Rey, que no se ha visto en una igual nunca.

PD. Queda poco para el Mundial, todo en España debería estar preparado para disfrutar de un torneo en el que, por primera vez, la Roja parte como favorita. ¿Todo? No. Un grupo de irreductibles e infantiles "patriotas" quieren ganar su parte de protagonismo en una fiesta a la que no han estado invitados nunca. Son poquitos, pero dan guerra en Facebook pidiendo que a la Selección española no se la conozca como "la Roja". Señores, se han equivocado, la Guerra Civil no se lucha aquí, en 2010, fue hace muchos años. Se fabrican una máquina del tiempo y retroceden hasta allí si les apetece, pero en Sudáfrica se juega al fútbol nada más. La camiseta de la Selección es roja, de ahí que se la denomine "la Roja". Es fácil, es simple, no tiene más lecturas posibles. Es más, paseemos por el mundo. ¿Argentina? La albiceleste. ¿Brasil? La verdeamarelha, ¿Chile? La Roja (Anda, si hay dos, qué dolor para la patria) ¿Italia? La azzurra. Como pueden comprobar, coincide el color con el que se conoce a estas selecciones con el de su camiseta. Bueno, me despido y me pongo la Roja, la cual pienso vestir orgullosamente cada vez que la Selección juegue, aunque a alguno le haga sangrar sus patrióticos oídos