Secciones

jueves, 27 de mayo de 2010

¡Extra, extra!


¡Llega el iPad a España! ¿Estáis preparados para tener un aparato completamente nuevo que no aporta nada nuevo salvo la tranquilidad de saber que estáis a la última si lo compráis?

El nuevo juguetito de Apple espera con la forma de un portátil en las estanterías de las tiendas, pero no es un portátil. Puede ser considerado el hermano mayor del iPhone, pero no es un teléfono móvil. ¿Entonces qué es? Algo nuevo, sin más.

Da igual que no puedas hacer multitarea en él, es decir, que tengas que ir abriendo todas las aplicaciones de una en una; ni hacer fotos porque viene sin cámara, ni que no puedas abrir .pdf en él; ni siquiera que no tenga puertos USB... Todo eso da igual, porque llevarlo significará ser cool, como Steve Jobs.

Además, este nuevo aparato le declara la guerra a la tecnología flash. Jobs cree que este modo de utilizar Internet, extendido prácticamente en todas las páginas web del planeta, se extinguirá más pronto que tarde, en torno a 2012, para dar paso al HTML5. Claro, ahora que caigo, en 2012 se acaba el mundo, qué pícaro este Jobs.

Pero no todo es malo, su tamaño y su ligereza hacen que sea muy manejable para leer o navegar (no al mismo tiempo), en la cama, por ejemplo, como si fuera un e-book más caro de lo habitual. Además, su batería puede durar 10 horas (quizá porque ahorra mucho al no tener multitarea como todo portátil de vecino), y su pantalla no daña la vista (menos mal).

Pues nada, mañana todos a la tienda, que al primero que esté en la cola del Media Markt le regalará Mourinho el primer iPad, con la condición de que dé el dinero a una ONG.

sábado, 22 de mayo de 2010

Dos caminos


Utilizo el mismo titular que en mi columna de opinión de Diario de Alcalá para esta final porque realmente no hay otro. Inter vs. Bayern; Mourinho vs. Van Gaal. Dos filosofías para alcanzar el éxito se enfrentan en Madrid para ver quién es el campeón de Europa. Posiblemente, esta Champions habrá que apuntarla en el haber del entrenador vencedor más que de cualquiera de los jugadores que pisarán el Bernabéu.

Y no son cojos los jugadores: Julio César, un portero top-3 actualmente que fue decisivo en la semifinal ante el Barcelona; Zanetti, que cumple 700 partidos jugando al más alto nivel con el Inter (algo no suficiente para ir convocado con Argentina); Eto'o, que puede igualar a Alfredo di Stéfano como único jugador que ha marcado en tres finales distintas; Schweinsteiger, rodillo alemán por excelencia y futuro capitán de la Männschaft reconvertido a centrocampista; Robben, futbolista cuya fragilidad sólo se ve superada por su tremenda exquisitez; Ivica Olic o Hamit Altintop, máximos estandartes del fútbol de guerrillas croata y turco, en el que si te duermes, estás muerto...

Por el camino han quedado muchos equipos en la cuneta: desde el sexto proyecto abortado del Real Madrid hasta el Barcelona del mito de Guardiola, pasando por las sorpresas francesas de Lyon y Burdeos, el sonado fracaso de un Liverpool y una Juventus en descomposición; la simpatía del Rubin o el babélico CSKA de Moscú. Muchas horas de espectáculo que dignifican esta competición, la Champions League, uno de los pocos torneos del planeta donde ser el mejor no es suficiente para alcanzar la gloria.

Para mí será siempre favorito el Inter, a pesar del gran respeto que tengo por Louis van Gaal, que en España pasará a la historia por una frase aislada que lo etiquetó como personaje caricaturesco, mientras que en el resto del mundo se le tiene como uno de los grandes gurús del banquillo, lo que realmente es. Pero enfrente tiene a José Mourinho, el sucesor natural de Helenio Herrera, un técnico al que nada puede sorprender en el mundo del fútbol, que sabe ganar partidos desde la rueda de prensa (Rijkaard lo sabe) y en el campo con planteamientos antiestéticos pero efectivos. Creo que será él el que emule a Ernst Happel y Ottmar Hitzfeld, únicos entrenadores que han ganado dos Champions League en equipos diferentes, pero sobre todo creo que esta noche en el Bernabéu se citan las dos libretas más profundas del deporte rey.

sábado, 1 de mayo de 2010

Segundas partes


No es que Jon Favreau haya hecho una secuela de Iron Man mala. Simplemente, se puso el listón demasiado alto con la primera entrega. Iron Man 2 es una película agradecida con el espectador palomitero que quiere ir al cine a última hora del día para olvidarse de una larga semana de trabajo, relajarse en una butaca durante 124 minutos, y disfrutar de unos efectos sonoros que se suceden a toda velocidad atropelladamente y con estrépito.

La primera media hora de película augura mucho y muy bueno. Genial la acidez del guión, que no dejaba títere con cabeza, empezando por la antipática Corea del Norte y terminando con los propios Estados Unidos. Iron Man es un personaje hecho a la medida de Robert Downey Jr. (o viceversa), lo que hace que la película sea digerida con mayor facilidad, aunque la agilidad del guión desaparece en favor de la acción pura y dura, para relajar las mentes y disfrutar con la mala leche de los mecánicos super héroes de la Marvel.

El reparto, notable. A la calidad que Downey Jr. imprime en cada una de sus películas (aunque su mejor actuación para mí siga siendo la de Tropic Thunder), se une el talento natural de Don Cheadle (Hotel Ruanda, Crash y la muy recomendable En algún lugar de la memoria), la sobriedad de Gwyneth Paltrow, infravalorada en muchas ocasiones; y el descubrimiento de Scarlett Johansson como heroína de acción, un nuevo papel para la joven actriz que saldó con muy alta nota. Lo negativo: Sam Rockwell, su caracterización en el papel de villano me recordó por momentos al nefasto papel de Jim Carrey como Enigma en Batman Forever. Mickey Rourke no alcanzó el nivel de El luchador, y el breve papel de Samuel L. Jackson basta para enganchar al público a ver Los vengadores, que se estrenará el 4 de mayo de 2012.

Cabe destacar algún guiño en la película al Capitán América, que también aparecerá en Los vengadores, así como alguna que otra banderita americana. Posiblemente éste sea uno de los recursos más en boga en Hollywood para poder subvencionar las películas sin necesidad de recurrir al Estado. Las barras y las estrellas tienen un poder desconocido para nosotros, y realmente agradan al americano medio, que sale del cine un poco más orgulloso de ser yankee, aunque siempre terminen necesitando la ayuda de Iron Man, Spider-Man, Batman, etc.