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domingo, 24 de enero de 2010

La chapita

Han pasado setenta años, y en este país aún se debate sobre buenos y malos. Defendemos causas de gente que ya no está, causas que sus mismos causantes nunca pensaron que llegarían tan lejos, y aún hoy, en 2010, a dos años del supuesto Apocalipsis maya, no se puede hablar de aquellos episodios de hace setenta años sin que venga alguien y te coloque una chapita: "Eso que dices te hace digno de este color". Y ya tienes tu chapita, aunque no la quisieras.

Hoy todavía gusta la chapita por encima de todas las cosas, y no te libras de ella en ningún sentido. ¿Te gusta un tipo de cine? Chapita verde. ¿Te gusta ir a la Iglesia? Chapita amarilla. ¿Por qué? Porque hay que etiquetar a todo y a todos, al menos aquí.

Cojo un periódico (de los de la chapita fucsia, por ejemplo) e informan de lo malos que son los de la chapita marrón. Escucho una emisora y el diablo es el de la chapita negra. El mundo se transforma por un momento en una cuadrícula en la que todo está perfectamente estructurado y organizado, con sus límites y sus responsabilidades en cada cuadradito.

Sin embargo, los que tienen que representar las chapitas se pelean incluso entre ellos. A Cospedal no le hace gracia que pongan el almacén nuclear en Castilla-La Mancha y un alcalde de su partido lo pide para su pueblo... en Castilla-La Mancha. Al que manda en Castilla-La Mancha no le molan las nucleares y al que dirige todo el tinglado de Industria, del mismo partido del que manda, le parecen maravillosas y manda a callar al jefecillo aquel. ¿Y la gente? Chapita azul, chapita roja. Si no eres de los míos, eres malo. Aunque en ambos bandos ni siquiera saben qué querer.

Y llegan inmigrantes. Chapita azul, chapita roja. En Madrid se les quiere y no se les quiere; en Catalunya se les quiere y no se les quiere. Los dos partidos principales los quieren y no los quieren. No cabemos todos pero me llevo bien con mi vecino de Senegal porque es muy agradable. Quiero papeles para todos pero no me siento al lado de un extranjero en un autobús.

Mientras tanto, busco información. Conocer detalles nunca está de más, la realidad tiene múltiples visiones. Me temo que cuando tenga una opinión formada, sólida y con argumentos, ya no tendré tiempo ni derecho a opinar. El resto se me ha adelantado a golpe de titular. Me he quedado sin chapita.

1 comentario:

  1. Lo importante es no ser de una chapita, sino ser consecuente con las ideas de uno mismo y después de eso...ser responsable de los actos que conlleva ser de esa idea.

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