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martes, 26 de enero de 2010

La respuesta

Cómo gusta llorar a ese grupito de cineastas "elitistas" encabezado por Álex de la Iglesia y Ángeles González-Sinde. La gente piratea y roba sus ideas, según comentan por todo lugar en el que se les pone un micrófono delante. Incluso el pobre De la Iglesia no puede utilizar para su película sobre el tardofranquismo a actores de primer nivel español como Carmen Maura o Juan Luis Galiardo (y curiosamente Almodóvar no tiene problema en reclutar a quien le apetezca para cada película).

Con tanto manifiesto en contra de la piratería alegando que nos estábamos cargando la cultura, que en España tarde o temprano no se volvería a lanzar un disco o una película, incluso a mí me estaba entrando en canguelo. Daba igual que las películas españolas buenas (Celda 211, Ágora, Planet 51...) estuvieran teniendo éxito en las taquillas, yo me sentía mal por Sinde y De la Iglesia, que no comían por mi exacerbado uso del eMule.

Pues resulta que desde hoy no tengo problemas para responderles, en base a una curiosidad acontecida en Santander y Bilbao. Resulta que el creador del cartel de los Carnavales de Santander ha sido acusado de plagio por el de Bilbao, debido a que el diseño de ambos era parecido (). Pues bien, el acusado de plagio ha dicho una frase lapidaria: "Ni siquiera sabía que había Carnavales en Bilbao". Fantástico.

Está visto que las ideas son tan variadas que tienden a volver al origen y a ser parecidas unas con otras (crisis de creatividad). Pero bueno, volviendo al tema del cine, tenía algo que decirles a De la Iglesia y González-Sinde: Señores, ni siquiera sabía que ustedes hacían cine como para piratearlo. Esmérense y verán cómo la gente va a las salas, que a Almodóvar y Amenábar no les va tan mal.

domingo, 24 de enero de 2010

La chapita

Han pasado setenta años, y en este país aún se debate sobre buenos y malos. Defendemos causas de gente que ya no está, causas que sus mismos causantes nunca pensaron que llegarían tan lejos, y aún hoy, en 2010, a dos años del supuesto Apocalipsis maya, no se puede hablar de aquellos episodios de hace setenta años sin que venga alguien y te coloque una chapita: "Eso que dices te hace digno de este color". Y ya tienes tu chapita, aunque no la quisieras.

Hoy todavía gusta la chapita por encima de todas las cosas, y no te libras de ella en ningún sentido. ¿Te gusta un tipo de cine? Chapita verde. ¿Te gusta ir a la Iglesia? Chapita amarilla. ¿Por qué? Porque hay que etiquetar a todo y a todos, al menos aquí.

Cojo un periódico (de los de la chapita fucsia, por ejemplo) e informan de lo malos que son los de la chapita marrón. Escucho una emisora y el diablo es el de la chapita negra. El mundo se transforma por un momento en una cuadrícula en la que todo está perfectamente estructurado y organizado, con sus límites y sus responsabilidades en cada cuadradito.

Sin embargo, los que tienen que representar las chapitas se pelean incluso entre ellos. A Cospedal no le hace gracia que pongan el almacén nuclear en Castilla-La Mancha y un alcalde de su partido lo pide para su pueblo... en Castilla-La Mancha. Al que manda en Castilla-La Mancha no le molan las nucleares y al que dirige todo el tinglado de Industria, del mismo partido del que manda, le parecen maravillosas y manda a callar al jefecillo aquel. ¿Y la gente? Chapita azul, chapita roja. Si no eres de los míos, eres malo. Aunque en ambos bandos ni siquiera saben qué querer.

Y llegan inmigrantes. Chapita azul, chapita roja. En Madrid se les quiere y no se les quiere; en Catalunya se les quiere y no se les quiere. Los dos partidos principales los quieren y no los quieren. No cabemos todos pero me llevo bien con mi vecino de Senegal porque es muy agradable. Quiero papeles para todos pero no me siento al lado de un extranjero en un autobús.

Mientras tanto, busco información. Conocer detalles nunca está de más, la realidad tiene múltiples visiones. Me temo que cuando tenga una opinión formada, sólida y con argumentos, ya no tendré tiempo ni derecho a opinar. El resto se me ha adelantado a golpe de titular. Me he quedado sin chapita.

jueves, 21 de enero de 2010

Un señor hasta el final

Las cosas nos llegan distorsionadas. Me di cuenta ayer mientras veía cómodamente el Liverpool - Tottenham. Pensaba que todo el mundo estaba en contra de Rafa Benítez y que esperaban su destitución fulminante. Es más, aquí en España cunde la idea de que el ciclo de Benítez está finalizado tras cinco años en la ribera del Mersey... Pues no. Ayer viendo el partido me di cuenta de que queda Benítez para rato.

La realización mostraba antes de comenzar el partido varias pancartas a favor del técnico madrileño, y en la grada The Kop seguía ondeando esa bandera que inmortaliza a Rafa como si del Ché Guevara se tratara. Además, viendo la conjura inicial del Liverpool, con Carragher llevando la voz cantante, Riera ante uno de sus mejores partidos como 'red' y Kyrgiakos aplaudiéndose antes del inicio, quizá inconsciente de que trufaría su mejor actuación en Liverpool, se sabía que el partido estaba cantado a favor de Benítez y en contra del pasivo Harry Redknapp y sus leñeros jugadores.

¿Y por qué aquí en España pensábamos que iban a echar a Benítez cuando en realidad todo el mundo cerraba filas en torno a él? Fácil. Los diarios españoles calzan las noticias de Inglaterra tal cual les llegan, proveniendo muchas de ellas de los diarios de Londres y Manchester, proclives a Chelsea, Arsenal, Tottenham, ManU y ManCity. Así pensábamos que los teletipos de agencias estaban empañados de objetividad cuando lo único que traían era manipulación de entornos ya de por sí enfrentados al de Liverpool.

También hay que reseñar que nada de esto hubiera sido posible sin la garra de Kuyt, que se dejó el alma, a pesar de su evidente limitación técnica, culminando la guerra de Anfield con dos goles. Aquilani ya está listo y está llamado a dar buenas tardes de fútbol cuando esté acompañado por Gerrard y no por Lucas; y Riera ya es el que era. Buenas noticias para Benítez, pues.

Mientras tanto, aquí en España, Joan Laporta intenta hacerse la última foto de su legislatura, la que iba a refrendar que él era el responsable de la mejor época en la historia futbolística del Barça (en otros periodos el Barça ha sido triunfador en baloncesto, hockey sobre patines o balonmano). ¿Tuvo su foto? No.

Él quería la foto en el despacho, con la pluma, el contrato, el abrazo y la sonrisa del renovado. ¿Tuvo algo de eso? Sí, la sonrisa falsa de un Guardiola que simplemente accedió a renovar de palabra (nunca con su firma) para que se le dejara trabajar tranquilo en los cinco meses de temporada que quedan. Guardiola es listo, y ha optado por un pequeño sacrificio por el bien del barcelonismo. No le gusta salir en las fotos con Laporta, no es su rollo. Él prefiere ser magnánimo en la victoria y humilde en la derrota. No alzó la voz tras el 2-6 del Bernabéu ni tras el 1-0 del Camp Nou; mientras que el esperpéntico 'president' se apropió el 2-6 como si fuera un título más y celebró una victoria por la mínima ante el máximo rival en la primera vuelta, cuando nada está decidido, con una noche de lujuria y desenfreno en Luz de gas. Son modos de vivir. Pero yo me quedo con el modo de vivir del señor, de un Guardiola que ha sido inteligente y cuyo nombre no quedará ligado al de Joan Laporta, sino al del Fútbol Club Barcelona, como ha sido desde que debutó a principios de la década de los 90.

miércoles, 20 de enero de 2010

¿El final de un ciclo?

Buenas tardes a todos.

Retomo la actividad bloguera con este nuevo blog en el que no sólo hablaré de fútbol como en el anterior, sino que pondré mi opinión sobre todas aquellas cosas que me parezcan, sean económicas, de moda, deportivas, culturales, etc.

De momento no pienso meter una entrada sobre Haití. Bastante caudal informativo estamos teniendo ya como para encima añadir mi opinión, que posiblemente no estará tan formada como la de aquellos profesionales que estén sobre el terreno (qué envidia).

Eso sí, me gustaría lanzar una pregunta al aire. ¿Cuántos de esos corresponsales (de prensa escrita sobre todo) no estarán en Haití? Suele ocurrir que haya auténticos impostores que escriben desde la comodidad de un hotel en un lugar cercano y seguro (¿Se os ocurre algún emplazamiento mejor que un hotel en Santo Domingo, capital de la República Dominicana?). Ha sucedido en varias guerras y puede estar sucediendo ahora. Por eso, prefiero tomar cierta distancia con aquellas crónicas que resultan conmovedoras hasta el punto de tocar la fibra sensible a todos con su crudeza en el detalle.

Intentando pensar que estos fraudes ya no se producen en pleno siglo XXI, me despido hasta mañana, donde volveré a escribir de lo que me parezca o de lo que a vosotros os parezca, ya que siempre podéis pedirlo por Facebook.

Saludos.